Es un especialista en el engaño. En sus fotografías, una castañuela abierta puede ser una ostra; el agua que se derrama de un vaso tumbado, un hilo que se precipita por el borde de una mesa; una copa de cóctel, un pubis femenino; un collar de perlas, una horca… y así hasta los límites de la imaginación. Los objetos irrumpieron en el estudio del fotógrafo madrileño hace más de veinte años y desde entonces no han salido. También hay personas.

O más bien parece que las hay porque en las imágenes de Madoz no hay ninguna emoción humana