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Foucault postula que mediante una adaptación de las prácticas de confesión cristianas, el cuerpo comienza a ser la sede de los pecados, motivo por el cual debe ser interrogado y puesto en palabras por cada individuo. El sexo encierra una verdad que debe ser develada a través de técnicas que lo objetivizan. Pero lo interesante es que la clave de esta extracción se encuentra en la interpretación por parte de aquel que escucha; capacitado para descifrar el código encriptado de la verdad sexual. Así, el individuo se inserta en unas relaciones de poder al confesarse ante aquellos que poseen las claves interpretativas: los médicos, los psiquiatras y los científicos sociales.